Fermentación Maloláctica

La fermentación maloláctica se realiza, de manera más generalizada, en los vinos tintos después de la fermentación alcohólica y consiste en la transformación del ácido málico (presente principalmente en la pulpa de la uva, en ácido láctico por medio de bacterias que de forma natural se encuentran en la propia uva y por tanto también en el vino recién fermentado.

El ácido málico es uno de los responsables de la marcada acidez y frescor que encontramos en los vinos blancos, por lo que en este tipo de elaboraciones no es necesario hacer este proceso, aunque hay excepciones.  En la elaboración de los vinos tintos es habitual favorecer la transformación de este ácido, fundamentalmente para reducir la acidez y aportar una sensación más agradable y voluminosa en boca, consiguiendo así la suavidad en el vino.

La duración de esta fermentación también depende de varios factores como la temperatura y  la cantidad de ácido málico existente en el vino, pero suele tardar desde dos semanas hasta  varios meses. Este proceso puede hacerse en los tanques de acero inoxidable o directamente en barrica de roble, y debe ser rigurosamente controlado por los enólogos en bodega.

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